Las neurociencias aplicadas a la educación permiten comprender cómo aprende el cerebro y cómo se pueden optimizar los procesos de enseñanza para lograr un aprendizaje más efectivo y duradero. En la enseñanza del inglés como segunda lengua, este enfoque se basa en el conocimiento de los mecanismos cerebrales relacionados con la atención, la memoria, las emociones, la motivación y la plasticidad ne...
Las neurociencias aplicadas a la educación permiten comprender cómo aprende el cerebro y cómo se pueden optimizar los procesos de enseñanza para lograr un aprendizaje más efectivo y duradero. En la enseñanza del inglés como segunda lengua, este enfoque se basa en el conocimiento de los mecanismos cerebrales relacionados con la atención, la memoria, las emociones, la motivación y la plasticidad neuronal.
Desde esta perspectiva, el aprendizaje del inglés se favorece cuando los estudiantes participan en experiencias significativas, multisensoriales y emocionalmente positivas. El cerebro aprende mejor cuando la información nueva se relaciona con conocimientos previos, se presenta en contextos reales de comunicación y se practica de manera frecuente y variada. Por ello, las actividades que incluyen imágenes, movimiento, música, juegos, historias y trabajo colaborativo facilitan la comprensión y la retención del idioma.
Así que, en conclusión. Las clases son dinámicas, utilizando los recursos que se tienen de manera natural : cerebro y cuerpo.
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